09 de septiembre

PINTOR DE LA TRISTEZA Y LA BOHEMIA

Hubo una época que quizás no haya sido superada, en la cual los nobles y los muy ricos, se casaban entre ellos.

La idea era agrandar aún más sus riquezas y no dividir tierras o fortunas. Pero como nobles y ricos no han existido muchos, a veces terminaban casándose entre familiares.

Y eso fue lo que hicieron Alfonso de Toulouse Lautrec y la condesa Adele Tapie de Celyran que eran primos entre sí.

De aquel matrimonio con alta consanguinidad, nació un niño al que bautizaron Henri Touluse Lautrec y que pronto acusó problemas físicos con una enfermedad que debilitaba sus huesos,

Esto le generó dos fracturas en las piernas y le impidió un normal crecimiento y aunque su estatura nunca pasó del metro cincuenta, Toulouse Lautrec no se amilanó.

En cama, durante una buena temporada, descubrió dos placeres: la lectura y la pintura. Y cuando pudo levantarse, sus vacíos afectivos y inestabilidad emocional encontraron evasión en los cabarets, cafés, y en todos los lugares nocturnos de diversión.

Entonces el barrio bohemio de Montmarte (Mon-mart) con su ambiente desbocado, de ocio, vicio y diversión, se convirtió para Touluse Lautrec en una suerte de vientre materno, en un lugar de refugio y evasión.

Pero todo tiene un precio y esa vida noctámbula y desordenada cobró el suyo. Toulouse Lautrec se hundió en el alcoholismo y cada vez empezó a beber más y a pintar menos.

Entonces sufrió los primeros ataques de delirium tremens, y tomó un revólver para disparar a arañas imaginarias que lo perseguían.

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Para salvarlo, le nombran un tutor que lo vigilaba todo el tiempo, pero Touluse Lautrec modificó su bastón de apoyo y lo convirtió en un recipiente disimulado para esconder el aguardiente.

Y así continuó, cuesta abajo, hasta que una serie de ataques lo hundieron en una agonía de la cual no se pudo salvar.

Y fue un día como hoy: 9 de septiembre de 1901. Toulouse Lautrec nos abandonó y se marchó para buscar otras noches eternas y poder pintar toda su sospechosa alegría.

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