1 de mayo

 PROFETAS DEL HOMBRE NUEVO

En este momento hay cuatro hombres que antes no se conocían, pero todos ellos están a punto de enfrentar la horca.

Los condenados son Albert Parsons , periodista estadounidense. Y los alemanes Augusto Spies, periodista, Adolph Fischer , también periodista, y Georg Engel, tipógrafo.

En el grupo falta Louis Linng carpintero alemán, de 22 años, que se ha suicidado antes, en su propia celda.

Y faltan Michael Swabb tipógrafo alemán y el inglés Samuel Fielden pastor metodista y obrero textil, a quienes les fue conmutada la horca por cadena perpetua.

Tampoco está el estadounidense Oscar Neebe, vendedor, condenado a 15 años de trabajos forzados.

Entre el público hay un famoso personaje como testigo del acontecimiento:

Se llama José Martí, apóstol de la independencia cubana y latinoamericana.

Y él nos cuenta aquel momento:

Los condenados salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia.Les sujetan las manos por la espalda. Les ponen una mortaja blanca como la tunica de los catecúmenos cristianos…Abajo, la concurrencia sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro…

Y de esta forma, José Martí describe a los sentenciados:

Plegaria es el rostro de Spies.
Firmeza, es el gesto de Fischer.
Orgullo, la actitud de Parsons.
Ángel hace un chiste a propósito de su capucha.

El momento es de tensión indescriptible. En ese instante, Spies grita y dice:

Si creéis que ahorcándonos podéis acabar con el movimiento de millones de oprimidos que laboran en la miseria, que luchan por su salvación,¡entonces ahorcadnos! …

Todos agachan la cabeza. Entonces Spies, con la frente en algo, vuelve a hablar:

Aquí pisoteáis una chispa, pero allí y allá, detrás de vosotros, frente a vosotros, y por todas partes, las llamas surgirán. Es un fuego subterráneo. Las voces que escuchareis en el futuro serán más potentes que las nuestras. Y no las podréis apagar “.

José Martí cierra el relato de esta manera:

Entonces los encapuchan, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos cuelgan y se balancean en una danza espantable…”

Esos mártires son los mártires de Chicago. En aquella ciudad, el 1 de mayo de 1886, los obreros norteamericanos salieron a defender sus derechos. Y aquello no fue perdonado.

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Homenaje a los que sufren. A los que edifican y laboran.
A los constructores de la vida.
A los que que crean.
Homenaje a los que no desmayan y a los que sueñan.
A los de altivo espíritu y palabras como torrentes.
Homenaje a todos los seres humanos
que luchan por una vida digna en lo individual y lo colectivo.
Homenaje a los profetas del hombre nuevo.
Ese es el primero de mayo. Un día como hoy.

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