15 de octubre

LA PALABRA QUE DESPEDAZA

Cuentan de un hombre que cuando bordeaba los cincuenta años, y queriendo descansar de sus achaques, llegó a una pequeña población y vio cómo un hombre golpeaba de manera brutal a un viejo caballo.

Entonces se interpuso, le quitó el látigo al hombre y abrazó al animal, llorando, y le pidió perdón por lo que los humanos hacíamos.

Ese hombre no era un santo ni cosa parecida: era uno de los grandes filósofos alemanes de todos los tiempos y se llamaba Federico Nietzsche.

Malinterpretado y mal leído, como corresponde muchas veces a los grandes pensadores, la figura de este poeta y pensador tiene perfiles que alumbraban lo profundo de la psiquis y lo más alto del destino humano.

Su obra es una intensa crítica a los muchos principios alienantes que conocemos y sufrimos en los tiempos que corren.

Conozcámoslo a través de su vuelo poético, como cuando escribía:

“Anoche, sobre el horizonte, la luna estaba tan llena, brillante y redonda, que parecía que fuera a dar a luz a un sol. Pero era fingida su preñez, porque la luna es más hombre que mujer”

Y acerquemos a Nietzsche a través de algunos de sus pensamientos, como cuando decía:

Hay espíritus que enturbian sus aguas para hacerlas parecer profundas
O como cuando afirmaba: “Siempre hay algo de locura en el amor, pero siempre, también, hay algo de razón en la locura”.

Nietzsche estaba naciendo un día como hoy, 15 de octubre de 1844 y su pluma habría de marcar el espíritu de los tiempos posteriores.

Y lo marcó porque Nietzsche nos propuso convertirnos en superhombres éticos, superhombres en búsqueda de la libertad y la dignidad, de la solidaridad y el conocimiento.

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