16 de noviembre

LA NOCHE PROFUNDA

Un día, en cualquier ciudad de cualquier país del mundo, al pie de un semáforo con la luz roja, los automóviles rugían ansiosos, moviéndose un poco, avanzando centímetros, a la espera del cambio de luces.

Entonces la luz cambió a verde y, sin embargo, el automóvil que estaba adelante no arrancó. Sobre el conductor cayó una montaña de insultos y todos los pitos de los carros le pedían que se moviera. Pero el automóvil no se desplazaba y seguía obstaculizando la vía.

Algunos conductores, energúmenos, bajaron de sus automóviles para multiplicar los insultos al conductor torpe, y encontraron a un hombre aferrado al timón, que con gesto desesperado gritaba “estoy ciego, estoy ciego!”

El hombre fue ayudado, lo llevaron al hospital, y enseguida, en un momento de terror, descubrieron que las personas que lo ayudaron también habían quedado ciegas. En ese momento, en aquella ciudad, se desató una epidemia de ceguera total.

Esta es una de las novelas más apasionantes del portugués José Saramago, y aquella ceguera, como un mar de blanca neblina, impenetrable, se extendió a todas partes.

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Entonces las calles quedaron plagadas de invidentes que desataron sus más primitivos instintos para imponerse en un mundo donde imperaban el caos y la violencia sin brújula.

Aquella ceguera generalizada, aquella brutalidad galopante que se desató, es apenas una metáfora del mundo actual en el que vivimos, mundo en el que gobiernan los que tienen más vocación de violentos.

Aquella ciudad de la novela es el mundo actual, donde gobiernan los que carecen de visión y sensibilidad, los que no entienden ni al planeta ni al ser humano.

José Saramago, el autor de esta obra, estaba naciendo un día como hoy, 16 de noviembre de 1922 y aunque nos lleva por el mundo del horror para recordarnos que ese es nuestro mundo, deja abiertas las puertas para la luz de la dignidad y la esperanza.

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