18 de abril

INVENTOR DE MILAGROS

Hubo un niño hijo de una familia pobre que, para ayudar a sus padres y a sus hermanos, tuvo que abandonar la escuela después de estudiar solo tres meses.

La solución desesperada para conseguir unas monedas, fue vender periódicos caminando por el pueblo. Pero el niño no se detuvo allí. Descubrió que había algo que se movía más rápido que él, y que se llamaba tren.

El niño, entonces, se trepó al tren para vender periódicos a sus pasajeros y además en cada estación y pueblo en donde el tren se detenía. El niño empezaba a trabajar a las seis de la mañana y regresaba a casa a las nueve de la noche, en el único tren de regreso.

Pronto descubrió que, después de vender los periódicos, pasaba todo el día en aquel pueblo, sin hacer nada. Entonces aprovechó el tiempo e inició una venta de frutas y caramelos.

Y en la noche, cuando regresaba a su casa, aprovechaba el viaje de dos horas para realizar experimentos en el vagón del tren.
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Este niño inquieto, creativo, lleno de ideas, se llamaba Thomas Alba Edison y poco tiempo después pensó que si vender periódicos era buen negocio, mejor negocio era publicar su propio periódico. Entonces aprendió a leer y a escribir, y en poco tiempo publicó su primer diario.
Tiempo después, estudió física, química, mecánica, mejoró el telégrafo y el teléfono, y patentó casi mil cien inventos.

Muchos de esos inventos le permiten a usted, en este momento, escuchar música, si quiere.

El día Thomas Alba Edison se presentó a la oficina de patentes con el primer gramófono del cual salía una voz humana, el empleado se lanzó sobre el cuello del inventor, lo atenazó con sus manos, y le dijo:

Usted es un ventrílocuo, un farsante!…A mi no me va a engañar…hable, hable ahora si es capaz!”

Pero la voz humana seguía saliendo de aquel equipo. Un verdadero milagro ante el que hoy ya no nos asombramos.

Thomas Alba Edison estaba patentando el gramófono un día como hoy, 18 de abril de 1877. Y gracias a él, la radio, con su música y con su voz, nos acompaña.

Gracias Thomas Alba Edison, pequeño niño vendedor de dulces, frutas y periódicos.
Gracias Thomas Alba Edison, inventor de tantos y tantos milagros.

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