25 de febrero

EL ESPÍRITU DE LOS COLORES

Los pintores, casi siempre, se expresan de manera preferencial a través de sus lienzos, con sus luces y sus sombras, con sus colores y sus formas.

Por eso se disfruta tanto cuando se conocen sus escritos y opiniones. Esto, por ejemplo, lo decía un famoso pintor impresionista francés:

“No puedo explicar mis cuadros porque el arte debe ser indescriptible. La obra debe envolver al espectador, cautivarlo, llevarlo al final de la pasión”.

Quien así hablaba era Augusto Renoir, que además, le gustaba aclarar cómo pintaba, cómo sentía los lienzos y colores:
“Yo pinto como un niño. Me gustaría que un rojo sonara como el tañido de una campana. Si no lo consigo la primera vez, tomo más rojo y otros colores, hasta que lo tengo. No tengo más reglas ni métodos. Cualquiera puede verme mientras pinto: se dará cuenta de que no tengo secretos”.

Renoir tuvo dos grandes habilidades: Una era el canto y la otra la pintura, pero su padre le escogió la segunda para que, de manera rápida, ayudara con algunas monedas a la precaria economía familiar.

Si a Renoir no le gustaba el más mínimo detalle en uno de sus cuadros, no tenía inconveniente en destruirlo, y así llegó a desechar centenares de obras, y aun así, su producción sobrepasa los 6.000 (seismil) cuadros.

No fue fácil la vida de Renoir: Con graves quebrantos de salud, sus manos se fueron deformando y al final ponía tela entre sus dedos, para que las uñas al crecer no se enterraran en su piel.

Y para poder pintar, tenían que amarrarle los pinceles a sus manos deformes. Por eso, con algo de ironía y optimismo, afirmaba:

“!Ya lo ven! No se necesitan manos para pintar! Basta con el espíritu lleno de colores”

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Piazza San Marco 1881

Renoir estaba naciendo un día como hoy, 25 de febrero de 1841.

Y nos dejó sus obras y esa enseñanza: Para pintar, basta tener el espíritu lleno de colores.

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