27 de mayo

 EL TERROR QUE SOBREVIVE

Desde la noche de los tiempos, cuando el ser humano se preguntó acerca del misterio de la existencia, creó a los dioses para explicar lo que hasta ese momento parecía imposible.

Y aparecieron los dioses del agua y del fuego, del viento, del vino, de los rayos y del amor. Lo curioso es que en nombre del amor a esos dioses, los hombres descubrieron la manera de odiarse y de matarse.

Unos decían que los honores eran para el dios sol, y otros para la diosa luna. O de la tierra o del mar. En fin: cada pueblo rendía honores a su único dios, todo poderoso, y se lanzaba la guerra contra el dios ajeno.

Y algo más extraño aunque, por supuesto, explicable: en esa supuesta guerra entre dioses, los que lloraban y morían de verdad, eran los seres humanos. Los dioses no sentían nada. Nunca han sentido. Obviamente.

Y así, de guerra en guerra, de dios en dios, llegamos a la Europa del siglo XVI. Allí la iglesia católica acaba de dividirse bajo la presión de un curita alemán llamado Lutero.

Y acaba de nacer en Francia un sucesor: se llama Juan Calvino. Y este personaje endurecerá la división, abrirá aún más la brecha entre las dos iglesias, y se encargará también de poner su cuota de terror.

Para escapar de las llamas de la inquisición católica, siempre listas a achicharrar a los herejes, Juan Calvino, predicador disidente, escapó a Ginebra y allí formó un gobierno teocrático.

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Y, por dolorosa ironía, su ferocidad contra los “herejes católicos”, no se diferenció de la ejercida por los católicos contra los “herejes protestantes”.

Así pagaron con su vida destacados científicos como el español Miguel Servet, por decir que el cristianismo, con tres dioses, no se podía llamar monoteísta, que se debía respetar a los niños y no bautizarlos para permitirles tomar la decisión con madurez, y por hablar de la circulación de la sangre. Estos temas no fueron del agrado del teólogo.

Y así, de palabra revelada en palabra revelada, y de hoguera en hoguera, se oscureció aquella época en Europa, en medio del fanatismo y del horror.

La vida de Juan Calvino, teólogo protestante, demuestra aquella vieja verdad:

Las hogueras nunca han logrado iluminar las sombras que se agitan en las almas más oscuras”

Juan Calvino, personaje fundamental en la historia de la iglesia y su división del siglo XVI, estaba muriendo un día como hoy, 27 de mayo de 1564. Y entonces muchos pasaron a mejor vida.

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