4 de marzo

EL CURA ROJO

Cuentan que en la Venecia del siglo XVII, una madrugada un visitante despistado, buscaba la forma de regresar a su hotel y le preguntó cómo regresar a un joven pelirrojo, que tarareaba a solas alguna canción, recostado a un farol.

El muchacho, que se llamaba Antonio Vivaldi, entonces le dijo: ¿Cuál ruta prefiere: La más corta, o la más hermosa?

Ese joven, nacido para el placer y la belleza, para la buena mesa y las lindas mujeres, a pesar de todo, o quizás por todo lo anterior, se hizo sacerdote.

Se hizo sacerdote, pero había nacido músico y su vocación real era el pentagrama.

Vivaldi, en más de una ocasión tuvo que abandonar en cualquier momento la misa que celebraba, supuestamente acosado por problemas respiratorios.

La verdad era que estaba acosado por la música y se marchaba a la sacristía para escribir las notas que resonaban en su cabeza.

Vivaldi no volvió a dar misa, aquejado de por sus problemas de salud. Quizás para ser atendido en sus momentos de asfixia, iba acompañado de un grupo de jóvenes y bellas enfermeras que lo cuidaron noche y día.

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Antonio Vivaldi, que estaba naciendo un día como hoy, 4 de marzo de 1678, más allá de sus dualidades entre sacerdote y músico, nos dejó, felizmente, su mejor herencia: unas melodías que se siguen escuchando con profunda emoción, por encima de los siglos.

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