8 de septiembre

DESTRUÍDOS SI, DERROTADOS NUNCA

En un pueblito costero de Cuba existió un hombre llamado Anselmo Hernández, que tenía que pescar para vivir, pero durante una temporada tuvo una mala racha. Y un norteamericano que vivía en el lugar quedó tan conmovido que decidió contarlo, y empezó de la siguiente manera:

Era un viejo que pescaba solo en un bote en el Gulf Stream y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez…”

Esa obra pequeñita, dramática, inmortal, de Ernest Hemingway, es “El viejo y el Mar” y en ella le canta a la tenacidad del ser humano, al no dejarse derrotar, al seguir luchando hasta que ya no quedan más fuerzas.

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Fue tal el éxito de esta obra, que cuando se publicó por primera vez en la revista Life, se vendieron cinco millones de ejemplares en solo dos días.

Una semana más tarde salió la novela con tanto éxito que ese mismo día se inició la segunda edición. Y Hemingway nunca ocultó el origen de su historia. Cuando recibió el Premio Nobel declaró:

Este es un premio que pertenece a Cuba porque mi obra fue escuchada, pensada y creada en Cuba, con mi gente de Cojimar, de donde soy ciudadano”.

La novela, a pesar de su pequeñito tamaño, es una epopeya enorme que fue recibida con aplausos por la crítica literaria.

La historia es triste, pero no pesimista. Por el contrario, nos recuerda los humanos debemos mantener la esperanza en medio de las tribulaciones, que nuestra decisión puede mudar la derrota en victoria, y dar sentido a la vida.

La novela El Viejo y el mar estaba siendo publicada un día como hoy, 8 de septiembre de 1952, y desde entonces, los seres humanos sabemos algo más acerca de la existencia:

Que en medio de la lucha podemos dar sentido a nuestras vidas. Y que un hombre puede ser destruido, pero nunca derrotado.

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