Chimpancés: maestros de la ética

El experimento se realizó en la Universidad de Boston. Un chimpancé en una jaula, aprendió que cada vez que halaba una cadena, obtenía una banana.

Pero pronto descubrió que cada vez que obtenía su premio, en la jaula de al lado, de la cual estaba separado por un cristal, y donde se hallaba otro chimpancé, se producía una corriente eléctrica que lastimaba a su vecino.

Cuando el chimpancé descubrió que su placer originaba dolor y angustia en el otro chimpancé, entonces postergaba al máximo la obtención de la banana hasta retorcerse del hambre.

Hubo algunos chimpancés con los que fue necesario suspender el experimento, porque preferían morir de hambre antes que causar dolor a otros chimpancés a los que ni siquiera conocían.

Si usted conoce a un humano con esa estatura ética, por favor, háganos conocer su nombre.

Cada vez que meditamos en los chimpancés, vemos que – desgraciadamente – no nos parecemos lo suficiente. Y no hay que permitirles que sepan que compartimos el 99.6% del ADN. Podrían ofenderse. Y con razón.

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