El hijo de la partera

1 PxA= C!! RxC
2 C6C !! y a cualquier jugada, el blanco corona alfil o dama, y mate
Existió un hombre que tuvo que matar a otro. Pero, ¿Cuántos han matado a otros?, preguntará alguien, con sobrada razón. De hecho, en el mundo de hoy existen algunos con más muertos a sus espaldas que pelos en la cabeza. Mire la prensa o la Tv. Ahí están casi todos los días. Y dan declaraciones. Y mandan en el mundo.En fin: ese hombre tuvo que matar a otro contra su propia voluntad y en medio del llanto sincero. ¿Cómo se llamaba? Del verdugo nada se sabe. De la víctima, sí.

La víctima era hijo de una partera y de ella había aprendido el ayudarnos a dar luz, pero en forma simbólica: nos enseñó el noble y extravagante arte de aprender a pensar. Ese hombre que nos ayudaba – con preguntas – a parir la verdad, se llamaba Sócrates.

Acusado de menospreciar a los malditos dioses, fue condenado a beber la cicuta. Y su verdugo, al acercarle la pócima fatal, le pidió perdón y le dijo: “No, no es justo, tú, el más bueno entre los buenos, el más justo, prudente y sabio… no es justo”. Y rompió a llorar mientras se alejaba con paso acelerado.

Sócrates bebió la cicuta sin vacilar. “Quienes postergan la hora de su muerte unos momentos, tienen una idea bastante pobre de la eternidad”, dijo antes de agotar el líquido.

En ajedrez, también, el final debe llegar sin mucha ceremonia. Pero elegante. Mate en tres.

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