Este vicio solitario, silencioso, feliz, de leer.

“El universo es un inmenso libro y si nuestro pensamiento es agudo, a partir de un solo libro podemos reconstruir todo el universo”. Eso lo escribió un árabe que vivió en España y que se llamó Mohaydin. Poeta, músico, matemático, filósofo, médico, Mohaydin fue expulsado de aquel territorio, con muchos otros miles de árabes, precisamente por eso: porque habían acumulado libros muchos y mucho conocimiento. Y se habían convertido, claro, en seres incómodos para una sociedad decadente y bostezante, agrícola y teocrática.

El libro, tan simple en su estructura, presente y trascendente en la historia de la humanidad. A veces como elemento apenas decorativo, o como símbolo de salvación terrena y revelación. Y siempre acechante, así permanezca cerrado en algún estante de nuestra biblioteca. Algún día encontrará al lector al que pueda cambiarle la vida con un mordisco del que no podrá ni querrá escapar. Y que siempre se va a agradecer.

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En el antiguo Egipto, El Libro de los Muertos era una serie de fórmulas escritas en papiros, que se enterraban con el difunto para justificarlo ante los dioses, para que sirviera de guía y compañero en su viaje misterioso, oscuro y solitario. Y, para que al final, de nuevo, los difuntos pudieran asomar a la luz del día.  Quien haya tenido la compañía de un buen libro, sabe que no ha cambiado su sentido por encima de la borrasca de los milenios. Leemos — y usted lo hace en este momento–, para salvarnos. Para volver a encontrar la luz en medio de todas las incertidumbres y a pesar de todas las mentiras descubiertas. O quizás por eso mismo: porque ya las hemos descubierto. Y hemos emprendido el camino de una sola vía.  Porque los lectores sabemos que hay un punto de no retorno y deseamos alcanzarlo.

Y si alguien lo duda, que lea lo que dice José Saer:

“Que el libro sea sustituido por otra cosa le parecería al lector tan descabellado como hacer desaparecer las noches de verano, la amistad, el agua fresca, la música delicada de una frase, la belleza de un razonamiento exacto. Los libros contienen todo eso e incluso más: son todo eso”.

2 Responses to Este vicio solitario, silencioso, feliz, de leer.

  1. Eva Jaramillo 27 diciembre, 2013 at 10:48 am #

    Aunque el cine y la internet, intentan diaria y tenazmente componer un mundo de imágenes y sonidos, nada se compara a tener un libro en las manos y vivir cada segundo de un viaje entre las letras y la imaginación que crea en nuestra mente, a las personas, paisajes, emociones que nos regala un libro, por Verne conozco el fondo del mar, por García Márquez, viví en Macondo y he caminado de la mano de Enrique VIII, Napoleón, Edith Piaff, no hay forma de sustituir un libro, a mis desvencijados y trajinados libros, es decir en mi casa no son parte de la decoración, son parte de mi ser.

  2. Anónimo 30 diciembre, 2013 at 7:23 pm #

    La idea sería esa: vivir en una biblioteca y, alrededor, construir una casa. Un abrazo. RDV

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