La lectura, esa droga mágica que produce independencia

“El universo es un inmenso libro y, si nuestro pensamiento es agudo, a partir de un solo libro podemos reconstruir todo el universo“.  Eso lo escribió un árabe que vivió en España, y que se llamó Mohydin. Poeta, matemàtico, médico y filósofo, Mohydin fue expulsado de aquel territorio, con muchos otros árabes, precisamente por eso: por saber mucho. Porque habían acumulado libros muchos, y mucho conocimiento. Y, por supuesto, se habían tornado incòmodos para una sociedad decadente y bostezante, agrícola y teocrática.

El libro, presente en la historia de la humanidad. A veces, como elemento apenas decorativo, o como símbolo de salvación y revelación.

librosVicioSolitario01En el antiguo Egipto, el libro de los muertos era una serie de fórmulas escritas en papiros, que se enterraba con el difunto para justificarlo ante los dioses, para que le sirvieran de guía y compañía en su viaje oscuro y solitario y, para que al final, de nuevo, los difuntos pudieran asomar a la luz del día.

Quien haya tenido la compañia de un buen libro, sabe que no ha cambiado el sentido su sentido en estos milenios: leemos para salvarnos. Para volver a encontrar la luz.

Y si alguien lo duda, que lea entonces lo que dice Juan José Saer:

“Que el libro sea sustituìdo por otra cosa le parecerìa al lector tan descabellado como hacer desapaerecer las noches de verano, la amistad, el agua fresca, la música delicada de una frase, la belleza de un razonamiento exacto. Los libros contienen todo eso, e incluso más: son todo eso”

Y el más grande regalo: son una droga que produce independencia.

 

 

 

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