Página 24 - Los Ojos del Hermano Eterno

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Librodot Los ojos del hermano eterno Stefan Zweig
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Quiero dar a todos la libertad, para que de este modo pueda vivir sin
culpa sobre la Tierra.
El furor ensombreció la frente de sus hijos. Y el mayor de ellos
respondió:
-¿Quién regará las sementeras? ¿Quién cultivará el arroz? ¿Quién
conducirá los búfalos al campo? ¿Debemos nosotros convertirnos en
esclavos y obedecer a tu voluntad? Tus mismas manos, en tu larga
vida, no se han acostumbrado al trabajo y no podrías ahora
acostumbrarte a él. El sudor ajeno es el que empleas tú cuando, para
poder dormir, te haces abanicar por el siervo. ¿Y tú quieres liberarlos a
ellos para que nosotros tengamos que sufrir, nosotros que somos tu
propia sangre? ¿Debemos nosotros uncirnos al arado tirado por búfalos
y tirar de la cuerda en su lugar para que ellos no sufran? También los
búfalos han nacido del aliento del dios de las mil formas. No quieras,
padre, cambiar lo estatuido por él. No produce la tierra por sí misma, es
necesario que esté sometida a un poderío para que dé frutos. El
dominio es la ley que rige bajo las estrellas y no podemos prescindir de
él.
-Yo, sin embargo, quiero prescindir del dominio, pues el poder es una
infracción del derecho y yo quiero vivir sobre la Tierra sin cometer
injusticias.
-El poder abarca todas las cosas, sean hombres o animales o la
paciente tierra. Sobre lo que tú eres señor debes ejercer el dominio.
Quien posee está atado al destino de los hombres.
-Yo, sin embargo, quiero liberarme de todo para no caer en culpa. Por lo
tanto, os ordeno que pongáis en libertad a los esclavos y que vosotros
mismos atendáis a nuestras necesidades.
Los hijos le miraron con ira y apenas pudieron contener sus
improperios. Luego dijo el mayor:
-Tú has dicho que no quieres torcer el destino de ningún hombre. No
quieres mandar sobre tus esclavos para no caer en culpa y, sin
embargo, nos mandas a nosotros y quieres cambiar nuestra vida.
¿Dónde está el derecho de Dios y de los hombres?
Virata permaneció largo tiempo silencioso. Cuando elevó sus ojos vió
que la llama de la codicia ardía en las miradas de sus hijos. Entonces
les dijo, lentamente:
-Me habéis mostrado lo que es justo. No quiero ejercer mi poder sobre
vosotros. Tomad mis bienes y repartíoslos según vuestra voluntad; no
quiero tener parte alguna en los bienes ni en la culpa. Habéis hablado
acertadamente: quien ejerce el poder priva de libertad a los demás y a
su propia alma antes que a todo. Quien quiere vivir sin culpa no puede
compartir los bienes, ni puede alimentarse con el trabajo ajeno, ni
beber a costa del sudor de otro, ni estar ligado al deseo de la mujer, ni
sumirse en la pereza de la hartura. Solamente quien vive solo vive con
Dios, solamente quien posee la pobreza lo posee todo. Yo deseo tan sólo
estar cerca de Dios en la Tierra, quiero vivir sin culpa. Tomad mi casa y
mis bienes y repartíoslos en paz.