Página 27 - Los Ojos del Hermano Eterno

Versión de HTML Básico

Librodot Los ojos del hermano eterno Stefan Zweig
Librodot
27
27
Hacía un año y seis lunas que Virata no había oído la voz de los
hombres. Quedó espantado y sorprendido a la vista de su visitante,
olvidando la reverencia de los vasallos.
-Bien venido seas, rey mío.
El rey le dijo entonces:
~Hace años que te permití que siguieses tu camino según tu voluntad.
Ahora he venido para contemplar cómo vive un justo y aprender con su
ejemplo.
Virata hizo una profunda inclinación y respondió:
-Mi único deseo es vivir apartado de los hombres y permanecer limpio
de toda culpa. Solamente la soledad puede aleccionarnos. No sé si es
sabiduría lo que hago, sólo sé que siento una gran felicidad. No tengo
nada que aconsejar ni nada que aprender. La sabiduría del solitario es
muy distinta de la sabiduría del mundo. El estado de contemplación es
muy distinto del estado de acción.
-Pero solamente el contemplar cómo vive un justo es una lección -
respondió el rey-. Con sólo contemplar tu mirada me siento lleno de
bienestar y de paz. No quiero turbar más tu tranquilidad.
Virata se inclinó profundamente otra vez. Y el rey le dijo entonces:
-¿Puedo satisfacer alguno de tus deseos en mi Imperio? ¿Quieres que
lleve alguna palabra a los tuyos?
-Ya no hay nada mío, mi rey, sobre esta Tierra. He olvidado ya que en
otro tiempo tenía una casa entre las otras casas y unos hijos entre los
otros hijos. El que no tiene patria, tiene el mundo; el que lo ha
abandonado todo, tiene el más grande de los bienes; el que vive sin
culpa, tiene la paz. No tengo ningún deseo; solamente quiero
permanecer sin culpa sobre la Tierra.
-Entonces acuérdate de mí en tus plegarias.
-Doy gracias a Dios y también a ti y a todos los de esta tierra, pues ellos
son una parte de Dios y de su espíritu.
Virata hizo una reverencia. La barca del rey se alejó llevada por la
corriente, y durante muchas lunas el solitario no volvió a oír la voz de
los hombres.
Capítulo IX
Una vez más la fama de Virata extendió sus alas y voló como un halcón
blanco sobre la tierra. Hasta los más alejados pueblos y las más
apartadas chozas de los pescadores llegó la fama de aquel que había
abandonado su casa y sus bienes para vivir la verdadera vida de