Página 28 - Los Ojos del Hermano Eterno

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Librodot Los ojos del hermano eterno Stefan Zweig
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devoción, y los hombres dieron a aquel ser temeroso de Dios los cuatro
nombres de la Virtud: le llamaron
Estrella de la Soledad
.
Los sacerdotes glorificaban sus palabras en el templo y el rey le alababa
ante sus servidores. Cuando algún caballero quería dictar alguna
sentencia, comenzaba diciendo:
Pueda ser mi palabra como la de Virata,
que vive en Dios y conoce toda sabiduría
.
Y aconteció más de una vez, al correr de los años, que algún hombre
que había llevado una vida de injusticias y comprendía de pronto lo
torcido de su existencia, abandonaba la casa y la patria y, repartiendo
todos sus bienes, se marchaba al bosque para vivir allí apartado del
mundo en una miserable choza. El ejemplo es lo que liga más sobre la
Tierra, lo que ata más a los hombres. Cada uno de esos hombres que
querían llevar una vida de justos, despertaba en otros el deseo de
imitarle. Estos convertidos querían llenar su vida que había estado
vacía, purificar sus manos que estaban teñidas en sangre, limpiar de
culpa sus almas. Por eso se iban al apartamiento, para vivir en una
choza, con el cuerpo desnudo por la pobreza, sumidos en la devoción. Si
se encontraban entre ellos, al ir a buscar frutos para alimentarse, no se
decían palabra alguna, no entablaban entre ellos ninguna amistad, pero
sus ojos sonreían alegremente y sus espíritus eran mensajeros de paz.
El pueblo conocía aquel bosque con el nombre de
El Bosque de los
Cenobitas
, y, ningún cazador perseguía hasta allí su caza para no
turbar la tranquilidad y manchar con sangre aquel lugar santo.
Una mañana en que Virata se dirigía al bosque, vió que uno de aquellos
anacoretas se hallaba inmóvil, tendido sobre la tierra. Se acercó a él y,
al moverle para prestarle auxilio, vió que estaba muerto. Virata cerró los
ojos al cadáver y rezó una plegaria, intentando luego arrastrar aquel
cuerpo muerto hasta la espesura del bosque con objeto de darle
sepultura bajo un montón de piedras, para que así el alma de aquel
hermano pudiese entrar tranquila en el mundo de la transmigración.
Pero la carga era demasiado pesada para sus brazos, debilitados a
causa de la parca alimentación. Entonces Virata vadeó el río y fue a
buscar ayuda al pueblo más cercano.
Cuando los habitantes del pueblo vieron llegar a aquel solitario y
reconocieron en él a la
Estrella de la Soledad
, acudieron todos para
rendirle tributo de respeto y atender a lo que deseaba.
Al paso de Virata, las mujeres se inclinaban ante él y los niños le
miraban inmóviles, llenos de sorpresa. Algunos hombres salieron
apresuradamente de sus casas para besar la veste del visitante y recibir
su bendición.
Virata avanzó sonriendo entre aquella ola de gente, y comprendía que
un amor limpio y profundo había nacido en él hacia los hombres desde
que no estaba ligado a ellos.