Página 34 - Los Ojos del Hermano Eterno

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Librodot Los ojos del hermano eterno Stefan Zweig
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Vino un día en que la ancianidad de Virata llegó a su término, y murió
en el establo de los esclavos sin que nadie en el pueblo se acordase que
aquel hombre había sido glorificado con los cuatro nombres de la
Virtud.
Sus hijos se apresuraron a enterrarle y ningún sacerdote cantó la
plegaria de los muertos ante su cadáver.
Los perros aullaron durante dos días y dos noches; luego se olvidaron
también de Virata, cuyo nombre no está escrito en las crónicas ni
consignado en los libros de los sabios.