Medicina instintiva

Lo que más ha preocupado a la humanidad, desde siempre, ha sido la salud de su cuerpo. Y en esa búsqueda, han florecido creencias exóticas, como que las enfermedades o los órganos que funcionan mal, pueden curarse con las hierbas o los frutos que sugieren una relación por su forma o su color.

Así, por ejemplo, los anémicos consumían jugo de mora, por su color rojo. Los enfermos del corazón, el mango, por su parecido con ese músculo vital. Los impotentes consumían los tubérculos de las orquídeas, por su parecido con los testículos. Al fin y al cabo, la palabra orquídea viene de “orquis”, que quiere decir testículo en griego.

Uno de los impulsores de esa creencia se llamó Theophrastus Bombastus von Hohenheim, más conocido como Paracelso, médico suizo que coqueteó con la alquimia, y que es considerado por algunos como padre de la homeopatía.

Hoy se sabe que ni forma ni el color de un fruto pueden aliviar un mal que tiene causas distintas. Pero, ¡ay dolor! La ciencia tiene muy poco mercadeo en el mundo actual. Y la gente, en su desesperación, tiende a creer en todo aquello que ofrece soluciones mágicas y fáciles. La superchería continuará tendiendo espacio, mientras nuestras neuronas sigan sin estrenar…

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