Ojo con las locas

1: …D8T jaque
2 RxD TxC jaque y mate a la siguiente.
Año de 1692: en Salem, pequeña población de los EEUU, donde nunca pasaba nada, lo peor estaba a punto de acontecer.

Para aquella gente, puritanos enfermizos, todo era pecado: reírse con la boca abierta, hablar en alta voz, caminar a grandes pasos, llevar ropa de colores vivos, mover las manos al hablar. Y entonces ¡parece increíble!, apareció una colombiana.

Se llamaba Tituba: una indígena que había sido secuestrada por un barco esclavista en las playas guajiras. Y la compró el Pastor Evangélico de aquel pueblo. Tituba se encargaba de la casa y – eso no era pecado–, calentaba la cama del Pastor. Luego hizo amistad con las niñas del lugar: un grupo de adolescentes reprimidas, envidiosas, que creían en los juegos de Tituba cuando leía el futuro.

Entonces el juego se convirtió en pesadilla y las niñas empezaron a ver al demonio en todas partes. Hombres y mujeres de la más variada condición, matronas ancianas, ancianos apostólicos, personas sin ninguna tacha, fueron acusadas de brujería. Diecinueve terminaron en la horca.

Hoy seguimos igual. A pesar de que Freud llamó a eso histeria, hoy siguen sueltas las locas y los locos que creen en demonios. Y que están dispuestos a quemarnos vivos a los que no creemos en eso. Lo cual demuestra que sí existen. Tienen razón: los demonios son ellos.

En el ajedrez, también, una dama loca acaba con todo: Miesovic-Slovodian. Praga 1937.

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