Principios perversos

Uno de los principios más repetidos es aquel de “respetar a los semejantes” y de tanto repetirse, ya no se medita en sus consecuencias. Como el mundo está hecho de contradicciones, cuando se nos enseña a respetar a nuestros semejantes, se nos autoriza a odiar a nuestros diferentes.

Por eso fueron esclavizados los africanos y destruidas las culturas americanas: porque no éramos semejantes a los esclavistas y conquistadores. Por eso exterminamos hoy a las ballenas y a los elefantes, y por eso torturamos a los animales: porque nos enseñaron a respetar a los semejantes. A los semejantes se les reconoce. Pero el verdadero respeto es para con aquellos con quienes tenemos diferencias. Lo mejor hubiera sido que nos enseñaran a respetar a nuestros diferentes.

El camino del ser humano hacia lo que considera progreso, presenta una amenaza formidable. Y es que el ser humano puede inventar muchas cosas, hasta las más imposibles, inútiles o dañinas, pero no puede “desinventar” ninguna. Imagine usted el mundo sin automóviles, o sin celulares, o sin refrigeradoras o internet. Ese es el drama del ser humano: que en su carrera por inventar cosas que no sabemos cómo van a funcionar, después no podemos desinventar ninguna. Y lo que en un momento es posible, luego se convierte en necesario.

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