Somos polvo de estrellas

Más que una frase poética, es una verdad científica. Gracias a la alquimia cósmica, existimos y existen en nuestro cuerpo los metales. Por ejemplo nuestra sangre es roja por la presencia de hierro proveniente de las estrellas. Nos sonrojamos y respiramos gracias a ellas, a esas lucecitas nocturnas. No es poco. Por eso, cuando miramos al cielo, en las noches, podríamos decir “Hola tía, hola abuelo”. Y no estaríamos delirando, sino saludando, con todo rigor y con toda razón, a nuestros antepasados.  Ya Sagan lo dijo: “Somos la conciencia del cosmos para que el cosmos pueda conocerse a sí mismo”.

En la cosmovisión de muchos pueblos, entre los Incas, por ejemplo, llaman al sol “Padre Sol”. Deliciosa coincidencia el que una fórmula ceremonial, religiosa, sea tambien una verdad científica.  En Perú y en el norte de Chile, sabían que el sol era una enorme bola de fuego e imaginaban que cada tarde, abrumado por el calor, se sumergía en el mar, para poder estar más fresco al día siguiente y seguir con su tarea de alumbrarnos y darnos tibieza.

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¿Qué pensarían los pueblos que lo veían ocultarse detrás de las montañas?. Los humanos podemos soportarlo todo, menos una pregunta sin responder. Por eso nacen las religiones, llenas de respuestas para todo, con su dosis de tranquilidad que tantos aman. Y por también existe la ciencia: porque hay otros seres humanos que quieren llegar hasta más allá de la respuesta fácil y soportan durante más tiempo el dolor de la duda. Hasta que un día, la razón, como un pequeño sol, alumbra el camino. Y le enseña la respuesta y, por supuesto, más preguntas.

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