VERBENA

La verbena es una planta que era usada por los sacerdotes de otras religiones – hoy llamadas paganas –, en sus ritos sagrados.

En la España del medioevo – y quizás hoy en día –, la planta era usada para curar distintas afecciones. Pero se suponía que su efecto era más potente si se cortaba antes de la madrugada. Cuestiones de superchería, que todavía no se supera.

Generalmente, cuando se iban a cortar los ramos de verbena, la gente no dormía y se quedaba despierta alegrando el espíritu con algún licor y baile. De allí derivó el nombre para las fiestas populares que, en más de una ocasión duran hasta la madrugada.

Pero los humanos, en medio de nuestros miedos y nuestros sueños, no nos detenemos ante nada. A la verbena le hemos atribuido todos los milagros posibles. Los franceses le dicen “Hierba Sagrada”, los ingleses la llaman “Hierba de la Gracia” y no hubo bruja europea que no la usara.

En muchos casos, y gracias a la magia más poderosa de la iglesia católica, las brujas terminaron en la hoguera por creer en la magia de la verbena aunque, obviamente, usaban la hierba mezclada con una poderosa mezcla de oraciones católicas. Pero, igual, el resultado ya lo conocemos.

Los antiguos celtas, para quienes el mundo de lo vegetal estaba preñado de magia, la verbena no podía pasar inadvertida: era uno de sus arbustos sagrados y le atribuían toda protección contra el mal. Y los celtas hacían lo que mucha gente hace hoy con lo que llaman “agua bendita”: salpicaban la casa con una infusión hecha de hojas de verbena, para alejar a los demonios.

Y si querían prosperidad económica, o que los ganados tuvieran críos, o una buena cosecha, regaban la tierra o el objeto deseado con el agua de verbena, “agua bendita”,

Obviamente, todo es magia. Es decir, un sinsentido.

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