Y USTED, ¿CÓMO ES FELIZ?

Primero, que hablen los pesimistas. Y al final, para que nos quede un mejor sabor, hacemos referencia a la visión optimista de la vida.

Alguien decía que “la vida es una perpetua desgracia, interrumpida a veces por momentos de felicidad”. Y agregaba, en el colmo del pesimismo, que no deberíamos preocuparnos mucho en esos instantes gozosos, porque siempre eran efìmeros y todo volvería pronto a la normalidad.

Otro filósofo español afirmaba que para ser feliz era necesario ser tonto, o por lo menos simularlo. Pero más allá de una y otra visión, lo que queda claro es que lo que en verdad perseguimos con màs ahínco, es la felicidad.

Y con esto queda flotando una verdad: si la perseguimos, es porque no la tenemos. La pregunta es, entonces, cómo conseguirla, cómo acercarnos a ella, aunque sea efímera, difícil, volátil. Corrijo: no se trata de perseguirla a pesar de que sea efìmera, vólatil, sino precisamente por eso. Por esa razón debemos luchar por ella. O por ellas, Porque dicen, los que saben, que existen muchas formas de la felicidad. Algunas, incluso, extravagantes. Bastaría citar a los masoquistas. O recordar a los borrachos y los contadores de estrellas y los banqueros, contadores de dinero,  de los cuales se burla El Principito.

Existen, entre otras, la felicidad competitiva, que es la más primaria, la más rústica de todas. Esa es la que se consigue en detrimento del otro. “!Soy feliz porque gané!”. Es decir, soy feliz porque el resto de la humanidad, o mi contendor, no lo logró. Es el egoísmo a la más alta potencia. Y también puede ser muestra de la insensatez y la falta de inteligencia. No es extraño ver a un boxeador con la cara despedazada y con el cerebro maltrecho para siempre, feliz porque a su contrincante le fue peor.  Sería más feliz, de una manera más inteligente, comprender que todo marcharía mejor sin cerebros magullados ni narices rotas. Pero hay cosas difíciles de explicar.

Y también, por suerte, la felicidad sensual. Esa que está relacionada con el sexo — no voy a poner ejemplos–, con el buen vino, con el mirar una obra de arte o un atardecer, o cuando escuchamos cantar un pàjaro o calmamos la sed.

Es necesario recordar a Woddy Allen cuando dice que el cerebro es su segundo órgano predilecto. Tiene razón. Existe una felicidad cerebral que explica toda la ciencia y el arte, y los juegos como el mankala, el go, el ajedrez, los crucigramas y sudokus. Y tantos otros.

Y hay quienes vivien felicidades en el riesgo y lo que algunos llaman la felicidad por la infelicidad. Esto se da en integrantes fanáticos de grupos políticos, deportivos y religiosos.  Son personas capaces de luchar a muerte por su propia esclavitud. Así son felices.

Y existe una felicidad cooperativa que pertenece al escalón más alto de la ética. Y no digo de la “ética humana”, porque los animales también la experimentan y, en muchos casos, con mayor frecuencia que nosotros, los humanos. Esa felicidad cooperativa fue la que permitió que una especie desvalida como el humano, pudiera lograr la supervivencia y el control del planeta. No corremos como un antílope. No nadamos como un delfín. No tenemos el peso de un elefante ni la fiereza de garras y colmillos de un león. No volamos como las águilas ni tenemos veneno como una cobra. Nada. Somos una sumatoria de desventajas. Y esa fue nuestra ventaja. Tenernos que unir para protegernos entre todos. Esa felicidad cooperativa es la que nos enseña que es mejor ser hermanos que enemigos y competidores. Pero no hay que hacerse muchas ilusiones. El modelo económico y filosófico imperante nos lleva a competir, a derrotar al otro, a superarlo. Nos lleva a ser felices de la manera más infeliz.

 

Me siento triste si sigo hablando de la felicidad. Por eso prefiero dejar de pensar un momento en el tema y cerrar con frases de otras personas que también opinaron sobre el asunto. Si no cito al autor, es porque no lo recuerdo. Ahí van. Elijan algunas:

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La felicidad debería ser la única religión del mundo. R.G. Ingersoll.

La felicidad es el sentimiento de que se nos quiere a pesar de nosotros mismos. Victor Hugo.

La felicidad es es instante fugaz en el que nos sentimos eternos.

La felicidad es cuando uno desea ser lo que es. Erasmo.

La infelicidad, con dinero, es menos infeliz.

La felicidad es tener buena salud y mala memoria. Ingrid Bergman.

La felicidad es no creer en milagros. Goethe.

La felicidad es algo que, si no la tienes en los EE.UU, la puedes encargar por tarjeta de crédito.

En fin. Plagiando de mala manera y distorsionando una canción de Serrat, alguien afirmaba que la felicidad sí existía. Que el conoció a alguien que decía tener un primo que vivía en un barrio en el cual vivía alguien que decía tener un familiar que alguna vez habló con alguien más que sospechaba que en su vecindario vivía una persona que, alguna vez, en un viaje que hizo, creía haber conocido a un tipo que quizás lo era. Quién sabe.

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